Historia ilustrada
La flauta mágica de Krishna
2–7 años
Otoño en Vrindavan. Krishna toca la flauta: las vacas se quedan quietas, los pavos reales bailan y las nubes Le dan sombra.
Texto completo de la historia
Llegó el otoño a Vrindavan, y el bosque se volvió muy hermoso.
En los ríos florecían los lotos, y el aire olía a frescura.
Los pavos reales bailaban con sus colas brillantes abiertas, y las abejas zumbaban alegres, volando de flor en flor. Todo alrededor parecía respirar felicidad y amor, porque Vrindavan es un lugar donde cada brizna de hierba está llena de belleza y amor divinos.
Krishna, Balarama y sus amigos pastoreaban juntos las vacas. Sonriendo, Krishna dijo: «Balarama, ¡mira qué bonito está el bosque! Escucha, voy a tocar Mi flauta». Balarama respondió contento: «¡Adelante, Krishna! Tu música siempre hace felices a todos».
Krishna se llevó la flauta a los labios y empezó a tocar una melodía suave y hermosa. En cuanto sonaron las primeras notas, todos se quedaron quietos, escuchando embelesados.
Las vacas fueron más despacio y luego se detuvieron para escuchar la flauta. Abrieron mucho los ojos y levantaron las orejas para no perderse ni una nota. Parecía que se decían unas a otras lo bonita que era la música.
Los pavos reales abrieron sus colas de colores y se pusieron a bailar, zapateando de alegría, encantados por el sonido mágico.
Los monos dejaron de columpiarse en las lianas y se quedaron colgados en silencio, escuchando asombrados. Miraban a su alrededor, dándose cuenta de que era Krishna quien tocaba, e intentaban verlo entre los árboles. Todos los animales sonreían, inmóviles, cautivados por la música mágica de la flauta.
Lalita dijo entusiasmada: «¿Lo has oído? ¡Es Krishna tocando Su flauta!»
«¡Mi corazón se llena de alegría cuando Él toca!», respondió Radharani con felicidad.
Soñadora, Lalita continuó: «¡Y qué hermoso se ve! Lleva una pluma de pavo real en la cabeza, una guirnalda de flores perfumadas, ¡y Su ropa brilla como el sol!»
Radharani dijo, admirada: «¡Sí! Su música es tan mágica que hasta las nubes vienen a darle sombra».
Allá arriba, las nubes flotaban suavemente por el cielo, hablando bajito entre ellas, listas para proteger a Krishna del sol, porque Él era su querido amigo.
Cerca de allí, el río Yamuna fluía con gracia y ofrecía a Krishna sus flores más hermosas, deseando regalarle todos sus lotos.
Mientras Krishna tocaba la flauta, Vrindavan se llenó de felicidad. Hasta los pájaros y los árboles se sentían alegres solo por estar cerca de Él. Todos parecían responderle con el corazón agradecido, dándole las gracias por hacer su mundo más feliz. Krishna sonrió y tocó la última melodía. Todos aplaudieron y bailaron de alegría al son de la música dulce y feliz.
Krishna dijo con dulzura: «¡Esta música es un regalo para todos los que Me aman!»
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